El investigador James Flynn, mundialmente conocido por sus estudios sobre cómo aumenta el coeficiente intelectual de los seres humanos año tras año, señala que el mundo actual se observa a través de lentes científicas. Esto significa que la realidad se clasifica a partir de conceptos abstractos, cada vez más lejanos al plano de lo concreto. Se tejen relaciones entre las piezas de información que ofrece el mundo.
En su libro Amplitud, el periodista David Epstein explica que estos esquemas conceptuales son flexibles y permiten ordenar ideas y conocimientos de distintos campos para transferirlos de un lugar a otro. El trabajo moderno demanda la transferencia de conocimientos y necesita la habilidad de aplicarlos a nuevas situaciones y a distintos campos. Los procesos contemporáneos del pensamiento, en consecuencia, se fueron acomodando a la complejidad creciente y a la búsqueda de nuevos patrones. La educación debería estar a tono con estos cambios.
Investigaciones realizadas en países industrializados a miles de personas adultas demostraron que los trabajos modernos requieren de flexibilidad cognitiva. O lo que es igual: solucionar problemas y desafíos no reiterativos. Flynn remarca que esta situación no está relacionada a que los cerebros actuales tienen mayor potencial, sino que la manera en que se clasifica conceptualmente el mundo amplía el escenario de acción.
El argumento pone un pie en la historia. Las mentes de los ciudadanos premodernos estaban limitadas al mundo concreto que enfrentaban. Epstein cita un trabajo que se realizó con aldeas rusas. Se les daba a los aldeanos datos geográficos, climáticos y políticos básicos de países que no conocían y se les pedía que hicieran preguntas. Los adultos respondían de forma categórica: “Nunca vi lo que hace la gente de otro lugar. No le puedo preguntar nada”. Mientras que los más chicos, que estaban escolarizados y ya trabajaban en granjas colectivas, tenían otra perspectiva. Se preguntaban cómo podían mejorar sus cultivos. Se preguntaban por el origen del mundo y de las cosas. Se preguntaban por qué los ricos son ricos y los pobres son pobres. La experiencia directa de los aldeanos se enfrentaba con las mentes modernas, más libres.
Sin embargo, a medida que Flynn avanzaba con sus investigaciones se encontró con una realidad que le generó una profunda desilusión: la sociedad y especialmente la educación superior buscan la especialización en lugar de enfocarse en desarrollar, desde temprano, el conocimiento conceptual y transferible. Esta conclusión se basó en investigaciones realizadas en las principales universidades de los Estados Unidos. Se les pidió a los y las estudiantes de ciencias físicas, sociales y económicas que aplicaran conceptos abstractos a escenarios comunes del mundo real. Es decir, que salieran de su campo de especialización. Los resultados fueron paupérrimos. “Las habilidades que te dan buenas notas en los estudios superiores no requieren la habilidad de pensar de forma crítica”, concluyó Flynn.
Los docentes, dice el investigador, tienen que luchar contra el mal hábito de tapar las clases con información especializada y específica. De lo contrario, los estudiantes no aprovechan su capacidad de pensamiento abstracto sin precedentes. “Se les debe enseñar a pensar antes de enseñarles qué pensar”, apunta.
David Epstein agrega que una sola herramienta, por más buena que sea, rara vez es suficiente en un mundo complejo, interconectado y en permanente cambio. “Ninguna herramienta es omnicompetente”, cita de la obra del filósofo Arnold Toynbee.
Esta visión impacta de lleno en el sistema educativo contemporáneo. La pandemia, por citar un ejemplo inmediato, dejó en evidencia sus puntos ciegos. El contexto cambió drásticamente de un momento a otro, quienes pudieron transferir sus saberes a las necesidades de transformación –desde el uso de las tecnologías hasta las categorías conceptuales– se adaptaron con más eficiencia. Y aquellos y aquellas que no lograron amplitud, a pesar de ser brillantes en sus campos específicos, quedaron rezagados y con poco margen de acción. Sucede en la educación, en la esfera laboral y en las relaciones sociales.
De vuelta a Flynn: las personas hoy tienen lentes científicos para ver el mundo, pero carecen de una navaja multiuso para utilizar.